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Las coctelerías del Juego del mono (en «Más listas y de todas clases», de Ignacio Vidal-Folch).

«El señor Iu Sanchis dice ser «un lector compulsivo, especialmente de novelas», y recientemente ha leído (yo también) El juego del mono, una excelente y turbadora novela de Ernesto Pérez Zúñiga (Alianza Ed.) ambientada en La Línea de la Concepción y en Gibraltar. El protagonista, un profesor de instituto llamado Montenegro, busca a una mujer por todas las coctelerías del Peñón, y nos da la lista, llena de nombres sugestivos: «Blue Parrot, Gargantúa, Old Classica, Smoked London, Pink Panther Club, Blue Girl’s Piano Bar, Dick Tracy Virgin’s, Dirty».

Más listas y de todas clases.

Félix Romeo camina por páginas en blanco

No tener las palabras que vendrían.

Está la calle igual, la puerta del teatro, los pasos, el tráfico, las farolas, el quiosco.

(Bueno, no, el quiosco ha cerrado: está su cáscara vacía, con persianas).

Félix Romeo habla conmigo ante la puerta del teatro, era otra vez noviembre, las hojas más amarillas que ahora, mojadas en el suelo por la última lluvia.

Y noviembre ha dado la vuelta al mundo para llegar a este octubre: está la calle igual, los pasos, el tráfico, pero se ha doblado el vacío.

La ausencia de palabras es densa.

Como si todas las aceras estuvieran cubiertas por páginas en blanco.

Y ya no hubiera escritura: sólo la huella de los zapatos de Félix, que ha salido del barro, de prisión, de un bar, de una novela, y ahora camina invisible de ciudad en ciudad.

(El dueño pálido de la tabaquería, en Fronterad).

La medicina de Tongoy sobre El juego del mono

«La típica novela cabrona que obliga al lector a dejar algo de sí en ella; aquella que además de una historia deja un perfume, un aroma, un motivo para volver sobre sus páginas en busca de señales ocultas que de ser encontradas deberemos también desgranar, tamizar. (Una suerte de adictiva trampa mortal.) La novela de Zuñiga es una novela inteligente, infinita, escrita con la doble intención de provocar en el lector una reacción, un efecto, un cambio.»

La medicina de Tongoy

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