«El artificio del personaje central de su nueva novela, El juego del mono, está tan bien hilado, tiene tal maestría anímica en el encuadre espacial, que cualquier secuencia surrealista, increíble a priori, se nos vuelve posible y verosímil.» Joaquín Pérez Azaústre en El gran Felton.
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«El señor Iu Sanchis dice ser «un lector compulsivo, especialmente de novelas», y recientemente ha leído (yo también) El juego del mono, una excelente y turbadora novela de Ernesto Pérez Zúñiga (Alianza Ed.) ambientada en La Línea de la Concepción y en Gibraltar. El protagonista, un profesor de instituto llamado Montenegro, busca a una mujer por todas las coctelerías del Peñón, y nos da la lista, llena de nombres sugestivos: «Blue Parrot, Gargantúa, Old Classica, Smoked London, Pink Panther Club, Blue Girl’s Piano Bar, Dick Tracy Virgin’s, Dirty».
No tener las palabras que vendrían.
Está la calle igual, la puerta del teatro, los pasos, el tráfico, las farolas, el quiosco.
(Bueno, no, el quiosco ha cerrado: está su cáscara vacía, con persianas).
Félix Romeo habla conmigo ante la puerta del teatro, era otra vez noviembre, las hojas más amarillas que ahora, mojadas en el suelo por la última lluvia.
Y noviembre ha dado la vuelta al mundo para llegar a este octubre: está la calle igual, los pasos, el tráfico, pero se ha doblado el vacío.
La ausencia de palabras es densa.
Como si todas las aceras estuvieran cubiertas por páginas en blanco.
Y ya no hubiera escritura: sólo la huella de los zapatos de Félix, que ha salido del barro, de prisión, de un bar, de una novela, y ahora camina invisible de ciudad en ciudad.
»Literatura que se queda, que te mancha la memoria con tinta de la que no se borra, literatura que empapa la vida y te produce secuelas benignas. Porque esta novela es de esas que no pasará de largo, volveremos a ella sin duda alguna para sumergirnos en una historia que todos habremos de vivir tarde o temprano.» Pedro Crenes Castro.
«La poesía es una forma de atrapar la realidad con el
lenguaje, nada más; el resto es poema, o novela.»
«La típica novela cabrona que obliga al lector a dejar algo de sí en ella; aquella que además de una historia deja un perfume, un aroma, un motivo para volver sobre sus páginas en busca de señales ocultas que de ser encontradas deberemos también desgranar, tamizar. (Una suerte de adictiva trampa mortal.) La novela de Zuñiga es una novela inteligente, infinita, escrita con la doble intención de provocar en el lector una reacción, un efecto, un cambio.»
«La novela ironiza con el género de la novela negra, al igual que el Quijoteironizaba sobre las novelas de caballería. Montenegro está buscando a una asesina enmascarada. Sólo al final se dará cuenta de que el verdadero asesino está dentro de uno».