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Publicado originalmente en El rapto de Europa. Núm. 31
Junio 2016

Fotografía de Lisbeth Salas
El vacío creador
Ernesto Pérez Zúñiga
Medito todos los días. Una vez al despertar. Otra antes de desaparecer en el sueño. Desaparecer es ir al vacío de ser consciente. Porque, paradójicamente, cada vez soy más consciente de lo que sucede durante las horas de sueño. El vacío es el lugar del nacimiento. El vacío no existe. El vacío está lleno.
No soy especialista en la meditación. Medito siempre que puedo. Caminando. Sentado en un café. No medito cuando converso con alguien por educación, pero intuyo que meditar juntos sería el mejor inicio para un diálogo perfecto.
Aprendo mucho de los buenos textos sobre meditación, como los que hemos reunido en este número de El rapto de Europa, con algunas de las personas más solventes en nuestro país para hablar de ello.
Para mí, meditar es ir descendiendo al vacío. Para hacerlo, me resulta necesario darme cuenta de cada una de las capas que lo cubren. La información de cada uno de los cinco sentidos. Luego, las emociones, los anhelos, las intenciones. Las observo. Después, el río del pensamiento. Oigo cómo suena. Me siento junto a él. Lo dejo marchar. Entonces, comienza eso que parece vacío, y donde se puede seguir profundizando a voluntad. Porque, en mi experiencia, solo se queda despierta la voluntad de permanecer atento.
Es obvio que entonces podemos reencontrarnos con el sol, desde la ventana de nuestra casa. El sol es el centro del sistema en el que estamos girando como habitantes de este planeta. Giramos en torno a él a la vez que en torno de nosotros mismos. El sol hace en nosotros como las manos en la cerámica. Nuestra carne pertenece al sol-ceramista y giramos en su torno. Lo podemos convocar en el interior de nuestra conciencia. Hacer que nos inunde. Imaginar que nosotros nadamos en él como en una piscina y, después, regresar, fulgurantes, a nuestro cuerpo.
El vacío, el despojamiento, es creador. Al desvestirnos, nos funde con el otro. Al descascarillarnos, nos convierte en lo que ya éramos: el resto del mundo. El universo nos puebla (mejor, dicho nos damos cuenta de que ya nos poblaba). Se hace elástico dentro de nosotros. Diminutos, abarcamos su grandeza. Porque descubrimos que somos su identidad. Fragmentos que viven la ilusión del solipsismo. Ciega y enérgicamente.
En el vacío tocamos todos los seres. El vacío es como el cobre para la electricidad. Permite la conexión entre todas las posibilidades de pensamiento y acción. En efecto, nada humano nos resulta ajeno. El vacío es una máquina de empatía.
Para un escritor, la página en blanco es el vacío.
Artículo sobre el arquetipo del héroe clásico y contemporáneo (con una referencia especial a las series de televisión ya Tony Soprano). Publicado en la revista Mercurio:
http://revistamercurio.es/secciones/firma-invitada/los-heroes-revisados/
Necesitamos a los héroes cuando nos limitamos a ser espectadores desde el placer de la ficción. Los cuestionamos cuando, contemporáneos nuestros, ponen en peligro nuestra estabilidad. Son el extraño ser de la invención o de la historia.
El bien y el mal, la flaqueza y la fuerza, la duplicidad compatible, se funden en el héroe contemporáneo.
Arte en la ribera del río Hudson, en New York y, aguas arriba, en Beacon. Artículo publicado en El Viajero, El País:
http://elviajero.elpais.com/elviajero/2015/10/15/actualidad/1444915066_018657.html
(Y no queremos marcharnos, aferrados a las palabras de Frank O’Hara, uno de los mejores poetas de esta tierra: “En tiempos de crisis todos nosotros debemos decidir, una y otra vez, a quién amamos”.)
Cuando los árboles se mueven en la ciudad
y vibran sus hojas en un golpe de viento,
avisando del río viejo que corre debajo del asfalto en la ribera,
todo el universo canta,
silba que sigue aquí,
que las calles paseadas también le pertenecen,
son nuestras, dicen las hojas manchadas de humo;
dice la noche eléctrica,
que es la noche de savia,
son vuestras:
dormidos insomnes,
meteoros
de la calzada,
cuerpo tras el cristal;
las ramas avisan,
vuelan sin despegar,
susurran la multitud estelar que nos envuelve,
sangre en el tronco, cemento en la casa,
granito en la acera.
La existencia se roza con canciones de cada materia,
sombras del confín,
que nos hacen,
desde dentro,
presencia siempre.
(Poema publicado en la antología Todo es poesía en Granada: http://www.esdrujula.es/libro/todo-es-poesia-en-granada-panorama-poetico-2000-2015)
Ernesto Pérez Zúñiga, con Pepe Habichuela e Inma Chacón, en Poemad.«Pero, de pronto, el viento». Poemad. IV Festival de Poesía de Madrid, organizado por la editorial Musa a las 9, se celebró los días 17 y 18 de octubre de 2014 en el Centro Cultural Conde Duque. |


