Artículo publicado originalmente en El País el 30 de septiembre de 2017.
“La vida es corta para todo conocimiento, pero quizás sea suficiente para saber”, dice Juan Malpartida en su novela Camino de casa. Hay demasiadas personas que, sin embargo, creen que tienen ya todo el conocimiento necesario. Creen poseer la verdad y, por tanto, saben poco o saben nada.
El rey absolutista, el que pensaba que su poder no tenía otro límite que el divino, no supo jamás que el lema que seguiría siendo válido siglos más tarde sería el que precisamente nació contra él: libertad, igualdad, fraternidad, tres palabras que, frente a todo pronóstico, siguen siendo revolucionarias hoy en día. Porque son incompatibles con lo absoluto.
El absoluto fue reivindicado por reyes y teólogos.
El absoluto ha enamorado a muchos poetas.
Del absoluto se colgaron multitud de filósofos, hasta que Einstein lo rebatió por completo. Seguir leyendo










