Autor: Ernesto Pérez Zúñiga (Página 1 de 8)

¿Por qué la literatura?

Colaboración con el proyecto de Gonzalo Manglano, titulado ¿Por qué la literatura?

 

¿Por qué la literatura? Ediciones Eunate.  Septiembre 2021

Se trata de una recopilación de las respuestas de más de 40 autores a esta pregunta. Escritores y artistas como Mario Vargas Llosa, Elena Poniatowska, Fernando Arrabal, Rosa Montero, Manuel Vilas, Raquel Lanseros, Sara Mesa o Ernesto Pérez Zúñiga hablan de literatura, de libros y de historias y tratan de desentrañar las razones por las que el ser humano ha necesitado contar su historia desde el principio de su tiempo.

Hakai-no-Renga

Ernesto Pérez Zúñiga

I
Literatura
donde el tiempo reúne
nuestros espacios.

II
El tiempo entero
va reuniendo en los libros
cada camino.

III
En cada libro
un encuentro incontable
vence a la muerte.

IV
Dios lee y escribe
dentro de los espejos
literatura.

 

Baobabs en la avenida

Publicado originalmente el 1 de Noviembre de 2022 en  Letras Libres.

Imagen Letras Libres

Imagen Letras Libres

Baobabs en la avenida

Ernesto Pérez Zúñiga

Este artículo comienza en Dakar, un día de parda calima. Una calima que riega de arena las calles y los coches que se aprietan en el intenso atasco de la ciudad. Un atasco lleno de movimiento y de polución y de gente que se cruza con miradas dispuestas a quedarse en la tuya. Dakar no es como yo pensaba. No hay largas filas de gente esperando para escapar de África. No. África quiere ser África. La Universidad de Dakar es enorme como varios estadios con miles de jóvenes que entran y salen de las aulas.

Anoche el primer director del Instituto Cervantes en esta ciudad, Nestor Nongo, me llevó al Xorbi, un bar semiclandestino donde los muchachos de cualquier religión beben cerveza Flag y esperan, viendo fútbol europeo, una dorada a la brasa.  Un lugar que parece estar en ninguna parte pero que inyecta vida intensamente. Sí, eso transmite Dakar: un caldero de la vida. En el Xorbi conozco al hispanista Nzachée Noumbissi, que me habla del gran interés de los jóvenes senegaleses por el español -muchos de los cuales se forman como profesores de nuestro idioma- y por la importancia de traer a Dakar la literatura española. Yo quiero conocer más sobre la literatura senegalesa. La noche sopla sobre las palabras. En las calles aledañas se acumulan los carneros que pronto, en la fiesta musulmana, serán sacrificados. En las dos pantallas del Xorbi, un partido de fútbol de la Liga Española llena de movimiento la imaginación de los jóvenes.

Recuerdo la novela de Fatou Diome, En un lugar del Atlántico, publicada hace casi 20 años, en la que unos chicos senegaleses ven el Mundial de fútbol apiñados en torno a un   televisor estropeado y soñando con venir a Europa. La narradora, que ya ha hecho ese viaje, vive escindida entre sus raíces y una sociedad difícil, la europea, en la que solo unos pocos africanos de los muchos que llegan logran establecerse y prosperar económicamente, a cambio de dejarse atrás una parte del alma.

Comprendo a Fatou Diome al entrar en La Relais, un oasis en el hervidero matutino de la Avenida que lleva a la Universidad. El local es amplio y sereno, con ventiladores en los techos altos. Hay algunos viejos sentados al fondo conversando animadamente. Tienen razones para estar contentos. La esperanza de vida en Senegal apenas rebasa los 54 años.

A La Relais venía cada tarde Senghor, el poeta presidente, para escribir sus poemas. Caminaba desde el palacio presidencial, como si no fuese quien era, escondido del otro personaje que había forjado la Senegal actual. Senghor miraba la misma fotografía que yo miro, situada encima de la barra:  el retrato de una muchacha negra, semidesnuda, con los ojos encendidos de melancolía. Su pelo, apretado sobre el cráneo y decorado con pequeñas trenzas sobre la nuca, indica que está de duelo.

Su belleza me hace recordar el personaje autobiográfico de Ken Bugul en El baobab loco, escrita hace cuarenta años, que recientemente ha vuelto a publicar en España Baile del Sol, otra mujer que emigra a Europa y que está rota en tres pedazos difícil de casar: la sangre africana, la herencia colonial francesa que dejó en su generación el falso embeleso de que ya eran europeos, y la dura experiencia en suelo belga. La protagonista de esta novela se va rompiendo en pedazos porque en cualquier territorio que habita se siente desligada de todo. Los dos espejos en los que se mira, el postcolonial y el europeo, deforman la imagen africana. No en vano Ken Bugul, en wolof, una de las lenguas de Senegal, significa: la que nadie quiere.

En uno de los muros del Instituto Cervantes de Dakar está escrito un refrán en wolof,  Ndox du bayi yonam, que traducido significa: “El agua nunca deja su camino”. Forma parte de una instalación que el grupo español Boa Mistura ha realizado durante la Bienal de Arte de la Ciudad (Dak´Art). Debajo del refrán hay un viejo cayuco que ha salido muchas veces de madrugada para pescar.

Porque a menudo el camino del agua no vuelve a casa, y algunos de esos cayucos de pesca continúan su ruta secreta hasta Canarias, que está al otro lado del horizonte. Hacen ese largo viaje a pesar de que muchos senegales no saben nadar, pues temen a los espíritus que habitan dentro del océano,

Nicolás Melini cuenta en su excelente Africanos en Madrid (Reino de Cordelia, 2017) cómo Canarias, durante la mayor parte de su historia, ha dado la espalda a Senegal y al continente africano, al que las islas pertenecen. Su libro se compone de vívido relatos protagonizados por senegales que tratan de sobrevivir, en la capital de España, a las agresivas políticas de inmigración y al racismo, en una lucha entre la adaptación y el extrañamiento.

Esta sensación de extrañamiento recorre también la hermosa y terrible novela de David Diop, Hermanos de sangre, Premio Goncourt (Anagrama, 2019), que se sumerge en la mente de un soldado senegalés que sirve a Francia en la Primera Guerra Mundial. Como en el caso de Ken Bugul -también lo cuenta Melini-, la relación entre la africanidad y la madrastra Europa guarda potentes fantasmas que surgen en los momentos más instintivos, la violencia o en las relaciones sexuales, ya sea como asunción del poder perdido, representado en la mayor fuerza física africana, o como la claudicación de un cuerpo exótico que es objeto del deseo europeo. O del miedo.

Como esos espíritus que habitaban el océano, quizá la mayor parte de nuestra memoria habita en el inconsciente colectivo que solo la mejor literatura sabe sacar a la luz.

Hablo de estos libros con Néstor Nongo y con Nzachée Noumbissi,  en La Relais, mientras los ventiladores del techo giran como relojes de aire.

A la salida, antes de estrecharnos las manos, me muestran un inmenso baobab. Y en este instante de Dakar, envuelto por el ruido de la avenida, siento que su tronco sirve de cobijo a millones de sueños. Hunde sus raíces en el pasado y las ramas en el futuro.

 

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Cuando uno escribe buscando la verdad interior

Fotografía de Lisbeth Salas

Entrevista realizada por Karen Lentini y publicada originalmente en Prodavinci el 4 de octubre de 2022.

“Cuando uno escribe buscando la verdad interior va saliendo todo: los fantasmas y el saber”

De leve paso, calmada presencia y ojos que recuerdan el mar de Granada y el cielo madrileño, Ernesto Pérez Zúñiga (Madrid, 1971) es un profundo oficiante de la composición literaria y, más todavía, un incansable explorador del alma.

Autor de Calles para un pez luna (Premio de Arte Joven de la Comunidad de Madrid ―Visor, 2002); El segundo círculo (XVI Premio Internacional Luis Berenguer ―Algaida, 2007); La fuga del maestro Tartini (Premio de Novela Torrente Ballester ―Alianza, 2013); Siete caminos para Beatriz (Vandalia, Fundación Lara, 2014) y No cantaremos en tierra de extraños (Galaxia Gutenberg, 2016).

En 2018 Pérez Zuñiga publica Escarcha (Galaxia Gutenberg), obra donde indaga algunos aspectos sobre la transición de España con base en los cuestionamientos de un adolescente que se resiste a aceptar cualquier tipo de imposición.

En la novela se narra la decepción, el abandono, la culpa; sensaciones vividas cuando se rebaten las herencias ideológicas como camino para la necesaria compresión íntima y la subsiguiente recomposición del espíritu. Todo esto en una prosa impregnada de pasajes poéticos que exaltan la naturaleza y que en ocasiones resultan, por cuenta propia, pequeños relatos que enriquecen la historia.

Alguna vez usted ha afirmado que los escritores componen desde alguna parte de la mente: la razón, la memoria, la experiencia. Escarcha alude, con cierto énfasis, al mundo onírico: «el mundo donde nadie podía intervenir». ¿De dónde proviene esta novela? 

Se nota mucho cuando un texto literario está escrito exclusivamente desde la razón lógica o está escrito desde las tripas, como se dice proverbialmente; o desde lo que Platón llamaba alma o Jung identificaba como el sí mismo, estructuras mucho más complejas y divertidas que la razón lógica. La literatura es uno de los lugares más completos para reflejar esa cosa escurridiza que llamamos realidad. Porque esa realidad, al menos lo que podemos concebir como realidad humana, está formada por múltiples planos: físico, emocional, intelectual, onírico, ético, espiritual… Yo trato de integrar todos ellos en mi escritura, siguiendo las pautas de un realismo abierto a la experiencia y a la imaginación, que es otra de nuestras facultades reales, un realismo abierto que supere el realismo tradicional o cerrado, y que ha usurpado con su nombre la realidad misma. Escarcha está escrita desde este concepto de realidad abierta, donde la experiencia, la memoria, la emoción, el mundo onírico y la imaginación van alimentando la novela, tal como pasa en nuestras vidas.

El protagonista de Escarcha representa el «estado de confusión de España». El sentimiento de culpa por no saber a cuál bando pertenecer y el no querer pertenecer a ninguno: «Monte representa España» ¿Ha madurado España como lo hace Monte?  Seguir leyendo

Pedro Jesús Fernández, el viajero y la casa

Publicado originalmente el 21 de enero de 2021 en Zenda.

Pedro Jesús Fernández, el viajero y la casa. Ernesto Pérez Zúñiga

 

Todos los días deben ser de lluvia cuando muere Pedro Jesús Fernández.

Llueve sobre la terraza de la plaza de Cascorro, donde cenamos una última noche este verano, repasando cálidamente la vida. Llueve sobre el parque del Moro adonde mira, huérfana, su ventana de Madrid. Llueve sin duda en Roma, sobre el tejado de Santo Stefano Rotondo, y en los callejones secretos de los barrios llenos de esas historias suculentas que sólo se sabía él y que contaba con esa voz peculiar, rasgada y alegre, entreriendo y caminando con pasos largos. Llueve con especial fuerza en Piazza Navona, sobre la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini. Estaba orgulloso de haberse arruinado alquilando aquel apartamento para que sus hijos Gonzalo y Marta se despertaran, cada mañana, sobre el asombro cotidiano de la plaza.

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“La experiencia de vivir”

Entrevista realizada por Paco González Fuentes y publicada originalmente en 142RevistaCultural, el 20 de noviembre de 2020.

Dice Sergio Pitol en El arte de la fuga que uno “es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas”. ¿Qué lugares, lecturas, personas o acontecimientos de tu vida destacarías especialmente?

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Sobre todo por lo difícil

Publicado originalmente el 13 de enero de 2020 en Zenda.

Sobre todo por lo difícil. Ernesto Pérez Zúñiga 

Fotografía de Jeosm para Zenda

 

      Sobre todo por lo difícil doy las gracias.

     También hay que hacerlo por lo fácil.

     Pero incluso lo que parece fácil es difícil.

     Cada día sigo asombrándome de que este planeta esté flotando en el espacio en torno al sol, que a su vez gira en la galaxia, a su vez en movimiento en un universo infinito, incognoscible en gran parte, a pesar de nuestros esfuerzos.

     Y por eso doy gracias.

     Doy gracias por su hermosura maltratada por los humanos, pero definitivamente más poderosa que nosotros.

     Doy gracias a la nieve y al calor que la derrite.

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Omeros que no llevan hache

Publicado originalmente el 30 de Noviembre de 2020 en  Zenda.

Sobre Los ancianos siderales, de Luis Mateo Díez.

 

 

 

Los ancianos siderales. Luis Mateo Díez. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2020

 

   A Luis Mateo Díez, último premio nacional de las letras, le ha llegado el galardón como flor natural, más que otorgado, nacido directamente en la tierra verbal de su solapa y de la literatura que abriga por entero el cuerpo de su vida y su obra.

   Cualquier lector que la repase desde sus inicios hasta la fecha, podrá afirmar que Luis Mateo Díez va desarrollando su mundo literario con una voz única en nuestra lengua, donde hay afines pero no semejantes, y con una audacia en su imaginación que va aumentando de temperatura conforme los años pasan y nuevos libros van aterrizando en las librerías, como lo acaba de hacer, como mensajero del premio que estaba a punto de llegar, Los ancianos siderales.

    Esta novela, que podemos relacionar con La cabeza en llamas, volumen de relatos que sintetiza como ningún otro, a mi juicio, la propuesta estética y simbólica de Luis Mateo Díez, casi una provocación frente al realismo, da un paso más allá en la visión esperpéntica y onírica de su universo literario.

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El milagro musical

Publicado originalmente el 2 de diciembre de 2020 en Zenda.

El milagro musical. Ernesto Pérez Zúñiga 

Estructura espacial en tensión (1952). Nino di Salvatore.

 

Hay que darle espacio a la voz, creo que esa es la clave, mi querido Adolfo García Ortega, compañero de este viaje. Cabalgar tiene su ritmo, ya sea al galope o al trote. A lo mejor te ha pasado lo mismo que a mí otras veces: un texto no funciona porque no tiene música. Digamos que, en principio, venía con todo lo necesario: una buena historia y palabras precisas, por ejemplo, pero le faltaba esa misteriosa melodía interior que casa el universo de las palabras. La voz. Por ella reconocemos a los autores por muy diferentes que sean sus libros publicados. Hay algo, un tono del decir, un matiz difícil de definir pero característico que a todos nos identifica. Música del alma, precisaba Pitágoras y luego tantos neoplatónicas. Música del alma que se convierte en voz.

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Políticos españoles

Publicado originalmente el 4 de noviembre de 2020 en Zenda.

Políticos españoles. Ernesto Pérez Zúñiga

 

‘El intruso’. 1969, perteneciente a la serie ‘Guernica 69’, de Equipo Crónica.

A quién le importa lo que pienso yo de los políticos españoles. Una respuesta fácil sería afirmar que, para empezar, a casi ninguno de ellos. Pero probablemente es una respuesta injusta. Caemos sin duda en la injusticia al generalizar nuestra opinión sobre los políticos, aunque haya razones evidentes para que esta palabra, «político», sea una de las más devaluadas de nuestra lengua. De hecho, a menudo se usa como insulto. Lo que le pasa a fulano es que es muy político, se suele decir, como sugiriendo con ello que es poco fiable, hipócrita, conveniente, amigo del provecho propio. O bien, ojo con fulana: se ha metido a política, como advirtiendo que le interesa el poder por encima de todo.

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Visito Moria

Publicado originalmente el 7 de octubre de 2020 en Zenda.

Visito Moria. Ernesto Pérez Zúñiga

Refugiados y migrantes esperan ser registrados en el nuevo campo de refugiados temporal cerca de Panagiouda, el 12 de septiembre de 2020 AFP/Archivos

 

Visito Moria. No cojo un avión para hacerlo. Puedo ir desde cualquier lugar del mundo. También tú tienes esa posibilidad. Nada humano nos es ajeno. De hecho, podríamos ser perfectamente tú y yo los que estamos allí dentro. Juntos. Ayer. Mañana. Ya pasó otras veces. Los españoles refugiados en los campos del sur de Francia. Hace 80 años. Hacinados. Enrejados. En tierra extraña. Con la expectativa de una liberación que no llegaba nunca. Todo lo contrario: se complicó con la guerra que venía a Francia. Iban de una guerra a otra hasta que la segunda terminó. Luego, el vacío. ¿Qué podían construir con él?

     Construyeron esta Europa que se soñaba a sí misma solidaria, convencida, que apuntalaba fuertes democracias y leyes transpiradas por los derechos humanos tras la barbarie de los egoísmos nacionales. Nunca otra vez. Así es como lo decían, Moria.

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