Critica literaria de Ángeles Encinar sobre Veníamos de la noche en la Revista Turia, Nª 155, pp. 401, de fecha 1 de julio de 2025.

«La obra de Ernesto Pérez Zúñiga se ha consolidado en las últimas décadas como una de las más interesantes en el panorama de las letras españolas actuales. A su ya extensa trayectoria poética, hay que sumar la narrativa. Con El segundo círculo (2007) obtuvo el premio Internacional de Novela Luis Berenguer y La fuga del maestro Tartini (2013) alcanzó el premio de Novela Torrente Ballester. No cantaremos en tierra de extraños (2016) y Escarcha (2018) son obras más recientes que han merecido reconocimiento crítico y lector, a ellas se une ahora Veníamos de la noche (2025), una novela cuyo argumento atrapa desde el inicio y que abraza diferentes categorías narrativas: de intriga, sentimental, metaliteraria y culturalista.

Comencemos refiriéndonos a los paratextos del volumen. El cuadro de la portada, “Papilla estelar”, de la pintora surrealista Remedios Varo, apunta al ambiente metafísico y onírico prevalente en la narración, pero, además, alude a la protagonista que ha viajado a Roma, becada por la Academia de España allí, para dedicarse por completo a la pintura, su verdadera vocación. Lucía Dávila aspira a plasmar con sus pinceles la verdadera naturaleza del cielo de la ciudad. Por otro lado, las tres citas que encabezan la narración son marcos textuales pertinentes: un verso de la Divina comedia de Dante, otro del Cántico espiritualde San Juan delaCruzy, por último, unodeSoleiada deJoan Maragall. Tres epígrafes que conectan con la temática novelesca, sobre todo, el primero.

El título de esta reseña alude al emblemático libro de Erich Fromm, publicado en 1956 y censurado durante años por la dictadura franquista, que ha marcado a tantas generaciones, y es que ese amor con una dimensión amplia, a tantos niveles, surge entre la protagonista y Enrico, profesor de literatura en la Universidad de la Sapienza, a quien conoceen un restaurante. Pronto se estableceunarelación profundaentre ambos, mientras ella se encuentra en el proceso de liberación de un matrimonio opresivo, que finalmente se manifiesta en una situación de acoso. Esta mujer, ‘atrapada por hombres’ desde su infancia, hallará refugio en su nuevo amante, caracterizado con una masculinidad muy distinta.

La ciudad de Roma comparte protagonismo. Los personajes pasean por sus calles, recorren susbarrios -elTrasteverecopamáxima atención-, visitan iglesiasy monumentos, jardines y parques, admiran su arquitectura, y, junto a ellos, el lector se convierte en un flâneur privilegiado que descubre rincones de la metrópolis y percibe impresiones en su callejear compartido. Como señalaba la autora norteamericana Eudora Welty en un sugerente ensayo, la ficción depende del lugar para su vida, se le nombra, especifica y concreta, en consecuencia, une.

De todas las descripciones artísticas sobre la ciudad se desprende un atractivo rasgo culturalista en la novela, que se corrobora con las numerosas referencias a pintores -Monet, Morandi, Kandinsky, Rothko (su penúltimo cuadro es prototipo para Lucía) y tantos otros-, cineastas -Pasolini, Ridley Scott o Akira Kurosawa-, a escritores -a los ya mencionados se añaden muchos más, desde Teresa de Cepeda a Mujica Lainez, por citar dos nombres muy diversos, o a la nómina contemporánea que aparece en el epígrafe “Agradecimientos” (otro paratexto de gran interés) y también, de modo especial, a Valle-Inclán, pues fue director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma entre 1933 y 1934- y a músicos -desde el célebre Puccini a compositores de boleros, por ejemplo-. Los personajes debaten sobre todas las manifestaciones artísticas o disfrutan de su belleza.

Subrayamos la condición metaliteraria de esta novela. Gustavo Setién, el director de la Academia de Roma, es el narrador en primera persona de la historia y nos muestra el proceso de su escritura que se convierte en leitmotiv textual. Asistimos a entrevistas con los personajes, a grabaciones, a lectura de documentos y a reflexiones sobre el propio acto de escribir, es decir, la consciencia narrativa está siempre presente. Surgen así consideraciones sobre cómo describir situaciones, experiencias o sentimientos, o qué versión se convierte en la más sutil al relatar una anécdota, o incluso, con un marcado carácter lúdico, se ofrecen dosfinalesdiferentespara un capítulo, pensando en loslectores escépticos (págs. 150-151), según declara la voz narradora. Además, se resalta la función de la escritura como forma de conocimiento y su papel transcendental para expresar el misterio.

La actualidad de esta ficción se evidencia no solo por el tiempo referencial al que se alude cerca de la conclusión, 14 de junio de 2023, sino también por su trama: Lucía y su marido son los propietarios de una empresa farmacéutica que ha creado un medicamento que, en principio, supone un avance alentador para algunos enfermos. La sociedad actual, tan expuesta al engaño y a la corrupción, queda reflejada en este contexto. Después de la crisis global provocada por la pandemia de 2020, el autor ha elegido esta temática para poner de manifiesto la fragilidad humana, al tiempo que se atreve a cuestionar, desde la ficción, comportamientos deleznables en el ámbito mundial, donde tantas veces prevalece lo mercantil.

De la mano del profesor universitario, Enrico, emerge un tema transversal: el geohumanismo. La ciencia se ha hecho imprescindible en el presente, pero divinizarla o convertirla en un absoluto incuestionable provoca falsedades y destrucción. Los campos de exterminio nazis y la eugenesia han sido ejemplos funestos. El personaje aboga por una ciencia y una tecnología humanizadas que consideren al planeta Tierra epicentro de su enfoque, porque “cuando los titanes se alejan del humanismo y del respeto a su madre, Gea, se pierden y nos pierden” (pág. 248).

Intrigas, pasiones y el anhelo de encontrar la propia identidad jalonan el discurso narrativo. Una prosa nítida y una sintaxis bien determinada definen el estilo de Ernesto Pérez Zúñiga que, con audacia, sabe dirigir a sus intereses literarios. Volvemos a la luz.»