Categoría: Geohumanismo

The Earth Speaks

«The Earth speaks. We are its tongue, though we do not know it. Not just us, of course—the birds, the trees, the rivers, and the wind as well. But we have forgotten. We are its ears, and yet we pretend to be deaf. We are deafened by the cities, where we visualize the shape and structure of our civilization. In it, we remain submerged and blind. How often, walking through Madrid, for example, do I glimpse the hills masked by asphalt and buildings, the streams buried beneath the sewers, the poplar forests now buried under the Paseo de la Castellana? By sharpening my ears and eyes, I can sense the soft tread of deer where the traffic roars».

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Poner la Tierra en el centro

«El centro no es el ser humano, sino el planeta del que emanamos con la misma entidad que una roca, un arroyo, una hoja, un lince. Nuestra misión no es la bíblica de dominar y explotar el mundo -ahora a través de la robótica- sino respetarlo, comprenderlo, y vivir en él con armonía. Esa evolución de muestra conciencia resulta mucho más urgente que cualquier tecnología que podamos inventar. Nada de la naturaleza nos resulta ajeno. De la esperanza del geohumanismo puede surgir un nuevo Renacimiento. Nos lo está pidiendo a voces de huracán, a golpe de deshielo, y en el silencio de los desiertos progresivos, quien nos da la vida: la Tierra».

Publicado originalmente en El País, en fecha 7 de febrero de 2025.

Se puede leer el artículo completo en este pdf.

El pájaro, el olivo, la isla.

Publicado originalmente en la 142 revista cultural Nº 24, enero-marzo 2025

«Roman de la isla Bararida», de Juan Carlos Méndez Guédez. Foto de Ernesto Pérez Zúñiga

«El ave, de plumas irisadas, se posa en el olivo. Estira las alas antes de plegarlas. Disfruta del calor del sol. Y emite un canto breve, antes de recibir un disparo. El ser humano va extinguiendo las especies de aves ya sea con armas de fuego, pesticidas o la destrucción mecánica de los hábitats: más de seiscientas a lo largo de 130.000 años. Parece mucho tiempo y muy pocas especies. Para quien tenga esta sensación, la siguiente noticia es noqueadora: la ciencia prevé que, a este ritmo de impacto humano, desaparezcan unas 6.000 especies en solo 200 años. Da igual el lugar del mundo. La destrucción se acelera porque nuestra acción se ha intensificado descomunalmente en la última centuria y se sigue acelerando cada día en nuestra desmesura tecnológica.

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La tierra habla.

Publicado originalmente en la 142 revista cultural Nº 23, octubre-diciembre 2024.

Foto: Ernesto Pérez Zúñiga

Foto: Ernesto Pérez Zúñiga

«La Tierra habla. Somos su lengua y no lo sabemos. No solo nosotros, por supuesto, también las aves y los árboles y los ríos y el viento. Pero a nosotros se nos ha olvidado. Somos sus oídos y nos hacemos los sordos. Estamos ensordecidos por las ciudades donde visualizamos la forma y la estructura de nuestra civilización. En ella permanecemos sumidos y ciegos. Cuántas veces paseando por Madrid, por ejemplo, puedo ver las colinas enmascaradas por el asfalto y los edificios; los arroyos sumergidos en las alcantarillas; el bosque de álamos que ahora sepulta el Paseo de las Castellana. Aguzando el oído y la vista, puedo percibir el paso leve de los ciervos donde rueda el tráfico. Las ciudades son naturaleza construida, madriguera sofisticada, refugio y escenario de nuestra acción: un decorado sobrepuesto a la naturaleza que solemos confundir con la realidad.

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