Categoría: Crítica (Página 2 de 6)

«Las dos Españas de Monte», crítica de Escarcha por Antonio J. Ubero

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Crítica escrita por Antonio J. Ubero y publicada originalmente en La Opinión.

Esta es una de esas novelas de largo aliento que dejan huella en el lector. El autor se
vale de la mirada de un adolescente para mostrar la incertidumbre, el extravío, de
una España recién parida tras la muerte del dictador. Una novela sutil y brutal a la vez
que demuestra toda la grandeza de un escritor imprescindible en nuestras letras

UN DÍA DE FINALES DE 1975 EL TIEMPO SE PARÓ EN ESPAÑA. El ritmo de los  acontecimientos adquirió una velocidad frenética; muchas cosas sucedieron desde entonces, pero si miro a mi alrededor da la sensación de que nada ha cambiado. Quizás porque los verdugos siguieron en sus despachos, y las víctimas continúan en las cunetas; quizás porque la libertad llegó cuando, cómo y con quien quisieron los que la negaron durante cuatro décadas; quizás porque nunca se supo aliviar el peso de la autoridad, porque el silencio siguió siendo el mejor bálsamo para curar la injusticia; quizás porque el olvido reconforta aunque sea imposible no recordar… quizás porque la herida era tan profunda que no bastaba con una tirita.

Si aún les duele el pasado y leen Escarcha, la nueva novela de Ernesto Pérez zúñiga, probablemente se estremezcan. Si no, seguro que no entienden nada. el escritor criado en granada irrumpe con una banda de tambores y cornetas en el reino del silencio y el olvido, y remueve las conciencias de quienes pastan en sus praderas. No es la primera vez que comete semejante sacrilegio en un país tan poco amigo de los sobresaltos, pues si en Santo diablo escrutaba la simiente del enfrentamiento fratricida a través de una ingeniosa alegoría sobre la lucha de clases, si en El juego del mono ponía patas arriba la hipocresía que soporta el tráfico de drogas en el estrecho, y en El segundo círculo arremetía contra las veleidades del capitalismo salvaje, Escarcha es un golpe directo a la mandíbula de esta sociedad ensimismada e incapaz de enfrentar la mirada de un pasado trágico para conseguir despertar a ese nuevo mapa que algunos quisieron trazar aquel día otoñal de 1975. Seguir leyendo

«Cuando la vida estaba por estrenar», crítica de Escarcha por Domingo Ródenas Moya

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Crítica escrita por Domingo Ródenas de Moya y publicada originalmente en El Periódico.

En un panorama novelístico quebradizo, donde la visibilidad de los nuevos nombres viene dictada por valores coyunturales, resulta insólita la apuesta denodadamente literaria de Ernesto Pérez Zúñiga (Madrid, 1971), como prueban dos de sus novelas anteriores, ‘La fuga del maestro Tartini’ (2013) y ‘No cantaremos en tierra de extraños’ (2016). Por su prosa, por su arquitectura narrativa, por el abordaje de sus temas y por el simbolismo universalizador de la historia que cuenta.

Esta historia es la del tránsito vital que lleva de la infancia a la juventud a través de un laberinto de galerías llenas de descubrimientos y frustraciones, miedos y deseos, incertidumbres, tentativas, errores, devociones y aborrecimientos. Al país de los adultos no se llega sino atravesando esa franja de años borrosa y minada, como le ocurre a Monte, el raro chaval protagonista que muchos años después evoca, en tercera persona, aquellos ritos de paso (el despertar del deseo y del duelo, el choque con la lealtad y la traición, el refugio de los libros y la música, la identidad sexual oscilante) que lo convirtieron en quien es. La galería de personajes que lo rodean es riquísima y está desarrollada con esmero, desde los padres (profesor él, pianista ella) y los abuelos (imagen de las dos Españas, uno de ellos el luchador antifranquista Manuel Montenegro, oriundo de la novela anterior) a la pandilla de amigos y el entorno de los profesores (con Robin, el íncubo pederasta, en primer lugar). Seguir leyendo

Ernesto Pérez Zuñiga abrazando a uno de sus personajes, por Javier Puebla

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Publicado originalmente en Diario 16.

Las letras de neón rojo del Museo Chicote y el fotógrafo son los únicos testigos del abrazo entre Ernesto Pérez Zuñiga y uno de sus personajes.

-Hola.

Le saluda contento y efusivo, hablándole, diciéndole que sale en el libro, mientras le abraza. Y al separarse abre la novela y corretea sobre las 512 páginas que conforman la obra, hasta detenerse en un punto concreto.

-Mira, estás aquí.

Y señala las letras que forman el nombre del personaje, el nombre de la persona. El fotógrafo lo oye, pero no alcanza a memorizarlo, ¿Fernando o Francisco?.

Tendría que haberlo apuntado. Y al revisar las imágenes advierte que ni siquiera ha conseguido que la imagen captada por su cámara tuviera la precisión suficiente, pero se consuela pensando que quizá ese error sea un regalo del destino, porque una imagen movida está más viva que una quieta y congelada. Y lo que vio, presenció, era pura vida y fue bellísimo: El abrazo de un escritor a alguien a quien quiere y aprecia hasta el punto de mezclarlo con sus propios sueños, con sus personajes de ficción. Unn abrazo largo y cálido, un abrazo capaz de borrar el mundo, y por eso ni la persona hecha personaje ni el autor se percataron de su presencia ni del clic indiscreto de la cámara. Seguir leyendo

«Innovadora novela de formación»; sobre Escarcha en la Revista Mercurio

Crítica escrita por SANTOS SANZ VILLANUEVA y publicada en la Revista Mercurio.

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La novela de aprendizaje de la vida suele tener un tratamiento fuertemente intimista porque así se refleja bien el proceso educativo del personaje. Los autores suelen concentrarse en el sujeto imaginario y todo lo demás, el ambiente y el porvenir, ocupa un segundo lugar. Ernesto Pérez Zúñiga comparte en cierta medida esa perspectiva, pero también la modifica con singulares aportaciones. En efecto, el itinerario formativo del protagonista de Escarcha, Monte (diminutivo del apellido, Montenegro), ocupa el centro del libro con muy menudos detalles. El relato retrospectivo aporta generosas noticias de su alma atribulada y un diario del propio Monte desvela conflictos íntimos y traumáticas vivencias. Pero eso es solo una parte de la novela. Otra, de igual importancia, se fija en el marco histórico y social. Por otro lado, además, la anécdota no concluye al alcanzar el protagonista la madurez sino que se abre al futuro. Un largo pasaje final —que se nutre de lo visionario— emplazado en un hamán (baños árabes) añade un interrogante genérico, no ceñido a Monte, relativo al destino. Seguir leyendo

Todo sobre Escarcha, la nueva novela de Ernesto Pérez Zúñiga

Granada, en las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado. De una dictadura a una democracia. «Escarcha» es el nombre que un adolescente da al mundo donde la ha tocado vivir. Y también es la historia de las diferentes iniciaciones de la vida, con sus desengaños y plenitudes.

Monte nació con una verruga en la frente con la que podía ver el alma del mundo. Cuando se la extirparon perdió esta facultad y la conexión consigo mismo. A partir de ahí, Escarcha propone una investigación en el sentido de la vida, en las consecuencias individuales de nuestra Historia común, en las relaciones familiares y afectivas, en la personalidad e impulsos de personajes tan variados como una mujer que abandona su carrera para cuidar a su familia, un luchador clandestino, una vidente, dos exiliados que rehacen su vida en España, una familia de traficantes, un asesino, sacerdotes, profesores, poetas, gurús, hombres y mujeres, adultos y adolescentes, que marcan la infancia y la adolescencia de Monte.

Dentro de la rica tradición europea de las novelas de formación, Escarcha es una historiaernesto molly singular con resonancias universales. Retrata la España de la transición desde los ojos de Monte, pero también desde una perspectiva coral: la de múltiples identidades dedicadas a vivir su propio extravío, como el profesor de música que se empeña en hurtar la pureza de sus alumnos antes de que se conviertan en adultos.

Escrita con tanta intensidad como armonía, Escarcha es una novela generacional, la novela crucial en la obra de Ernesto Pérez Zúñiga. Un retrato entregado y extraordinariamente sensible del aprendizaje de la vida y del viaje del alma humana, desde la orfandad hasta la reconciliación consigo misma. Está dividida en siete partes o temporadas, cada una de ellas compuesta de siete capítulos. Al modo de las series de televisión, cada capítulo se centra en un episodio concreto de una turbadora trama global que irá atrapando al lector poco a poco. Seguir leyendo

La transición según Pérez Zúñiga; reseña de Escarcha en La Razón

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Publicado originalmente en el diario La Razón.

El poeta y narrador Ernesto Pérez Zúñiga (Madrid, 1971) alcanzaba el reconocimiento de crítica y público con «La fuga del maestro Tartini» (2013), una novela que evocaba la vida de un músico del siglo XVIII, obsesivo perfeccionista de su arte y de ambiciosas aspiraciones fáusticas; una trayectoria que acabará confirmando con «No cantaremos en tierra de extraños» (2016), impresionante historia de derrotas y exilios donde aparecía un personaje, Ramón Montenegro, sargento republicano que participará en la liberación de París durante la II Guerra Mundial y que volvemos a encontrar en su nueva obra, «Escarcha», abuelo aquí de su adolescente protagonista, guía moral y referente histórico de una iniciación a la vida. Situada la trama en la Granada de la Transición política, asistimos a la formación personal del joven Manuel Montenegro, Monte, detallándose su proceso de tanteante reconocimiento del mundo: rutinas colegiales, ritos religiosos, secretos familiares, escarceos amorosos y ensoñadas fabulaciones conforman su imaginario juvenil. Se trata de una «bildungsroman» que refleja a la vez, con tierna ironía sentimental, los cambios que experimenta la sociedad española del postfranquismo: la recuperación histórica, el arraigo de la mentalidad democrática y las inminentes aspiraciones modernizadoras. Seguir leyendo

De la anhelante necesidad de una épica, por Juan Ángel Juristo en Cuadernos Hispanoamericanos

9788416734085Publicado originalmente el 1 de noviembre de 2016 en Cuadernos Hispanoamericanos.

La escasez de frecuencia en la incursión en el género épico en nuestros días se debe a ciertas identidades con las que se afronta la realidad: la tendencia a acotar espacios cerrados, la falta ya de tierras incógnitas que hace que la indagación se vuelva hacia uno mismo, la desconfianza hacia las ideologías totalizadoras, la inmersión definitiva en un mundo lleno de matices y de grises, en agudo contraste con ese planteamiento en blanco y negro, casi dicotómico, del siglo xix –y que hacía aumentar el aspecto melodramático que hoy día se antoja artificioso y, lo que es peor en la literatura, inverosímil– hacen que las amplias perspectivas en que se mueve la épica y cierto esquematismo inherente a ella sea terreno poco habitado en la literatura actual. Con actual nos referimos a una narrativa que comienza tras la Segunda Guerra Mundial, cuando se inicia la labor de demolición del enfrentamiento entre valores burgueses y revolucionarios que hasta bien entrado el siglo había condicionado buena parte de la narrativa –que hasta bajo el género del recién creado thriller era literatura de denuncia, de revulsión–. La crisis del 29, por ejemplo, fue el último acontecimiento capaz de generar una épica: Las uvas de la ira, La ruta del tabaco… las atmósferas trágicas del sur faulkneriano, son ejemplos señeros de haber rozado, quizá por última vez, el género. Y no hay que olvidar que es justo en esos años cuando en el cine aparecen los primeros films del western, la última gran frontera del género épico en Occidente: La diligencia, de John Ford, madre nutricia de ellos, es de 1939.

Curiosamente la Guerra Mundial subsiguiente no dio obra de alcance épico de calidad en la narrativa, la sombra demoledora del expresionismo había dado sus frutos, salvo en el cine, con estructuras estéticas mucho más convencionales. Y, luego, ya es sabido, las corrientes estéticas de posguerra no favorecieron ese resurgir del género que para muchos tenía ya el aspecto de una nostalgia mal llevada pero doblemente anhelada. En cierta manera la épica nos acerca al mito y éste es necesidad recurrente en el arte. Seguir leyendo

Crítica de No cantaremos en tierra de extraños; Revista Ínsula, diciembre 2017

“Ernesto Pérez Zúñiga, un escritor con una obra de peso y que parece ir, viéndose entre su gente del oficio, no contracorriente, pero sí un tanto a su aire, sin más norte que el compromiso personal con la literatura.
(…) No cantaremos en tierra de extraños es una magnífica novela donde confluyen muchos géneros- los más mencionados, los más evidentes-, muchos guiños literarios que son muchos homenajes perfectamente traídos a cuento…”

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Tartini en el Bar «Q» de Shibuya, por Ednodio Quintero

Fotógrafo: María Ríos. Cortesía de Ednodio Quintero

Fotógrafo: María Ríos. Cortesía de Ednodio Quintero

Publicado originalmente en Tiempo Universitario en julio de 2017.

(Texto leído durante la presentación del libro La fuga del maestro Tartini, de Ernesto Pérez Zúñiga, FILUC 2013)

El narrador Ednodio Quintero leyó este texto en la 14.a edición de Filuc (2013), durante la presentación del libro La fuga del maestro Tartini: «Siempre quise escribir un relato que diera cuenta de mi sueño con Beethoven y el astronauta, inspirado en la sonata de Tartini. Y para mi alegría y contento, aparece este regalo de Ernesto: su última y estupenda novela». Seguir leyendo

Reseña de No cantaremos en tierra de extraños, por Juan Peregrina Martín

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Publicado originalmente por Juan Peregrina Martín en su blog Me no know nothing.

Algunas notas sobre la lectura (o posibles lecturas) de esta espléndida novela.

1. La estructura de la novela, que la tiene y la posee y nos posee: soy muy de estructura y disfruto de la misma, no estando obsesionada con encontrarla sino al notar que el escritor o escritora, saben hacia dónde van, cómo quieren continuar y que quiere resaltar al final. Y Pérez Zúñiga piensa lo que escribe y ejecuta una excelente tarea de ficción que parece real y viceversa. Las cuatro partes son cuatro por algo y ya lo iremos descubriendo a lo largo de la deliciosa lectura.

2. Sutil e inteligente: el escritor confirma que menos es más y que las insinuaciones son las hijas naturales de todo buen discurso literario. Nos deja que a placer recorramos las sendas de los y las protagonistas, no nos da “todo mascado” y se agradece que a los lectores nos traten como adultos de vez en cuando, así que, grazie mille por regalarnos una magnífica historia sin condescendencias o reparos a un posible lector medio o enrarecimientos derivados del bien quedar y el escribir para todos. Seguir leyendo

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