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El rostro

Publicado originalmente el 8 de enero de 2020 en Zenda.

Séptima entrega en la que dos escritores exponen su punto de vista sobre un mismo tema. Pérez Zúñiga y García Ortega, como Stewart y Widmark en el filme de John Ford, cabalgan juntos cada primer miércoles de mes en pos de un único destino: la literatura.

El rostro. Ernesto Pérez Zúñiga

 

El rostro de la amada o del amado. El rostro de Laura (Gene Tierny) en el cuadro mientras el detective (Dana Andrews) pasea inquieto por la habitación donde investiga su muerte. El rostro misterioso y magnético que le mira desde la pintura con el enigma de la vida y del amor. El rostro de la persona desconocida que, de repente, irrumpe en el apartamento y, para sorpresa del detective, solo del detective, tiene los mismos rasgos que la mujer del cuadro. Los rostros que vamos a amar siempre descubren nuestra ignorancia.

     Nacemos al rostro. El rostro es un nacimiento. El rostro tiene infancia, madurez, vejez y vacío.

     El niño quiere ser el rostro de un héroe: John Wayne, por ejemplo, Ringo Kid cuando se interpone en el camino de la diligencia y blande su rifle y lo hace girar en el aire mientras sonríe con la seguridad de alguien que ha decidido vivir sin miedo.

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El arte del bumerán

El arte del bumerán

Ernesto Pérez Zúñiga

Hay pocos libros que siempre vuelven: leerlos es la primera vez. La literatura de José Balza tiene esa rara virtud: está fraguada en el retorno de algo que resulta nuevo. Nos conecta con algo esencial que nos pertenecía pero que se aparece inesperado en el espejo.

     Sucede en la nitidez de la escritura.

     Sucede en la estructura de la historia.

     Sucede en la ética de los personajes.

     Sucede en la metafísica del universo que Balza nos propone.

     De manera simultánea y armónica.

     Sería como aterrizar en Venus y descubrir que estuvo habitada por una civilización más avanzada que la nuestra.

     Esa es la sensación que uno recibe al leer novelas que José Balza escribió hace casi 50 años: Setecientas palmeras plantadas en el mismo lugar. O 40: Percusión.

     Balza incluye a los que le precedieron (Cortázar, Kafka, Virgilio) pero también a los que le sucedemos. Es el arte del bumerán. Viaja al horizonte, que es futuro; y, al hacerse  ya pasado, regresa al presente.

     Las claves están en la anulación de la lógica temporal que propone su escritura y en la fabulación de nuevos esquemas mentales en los que florecen otras visiones del mundo.

     Una libertad multiplicada en esas narraciones que Balza llama «ejercicios».

     Una libertad que investiga a partir de las raíces de la literatura y de una atención extrema a las palabras necesarias de la naturaleza humana.

     El bumerán regresa porque la caza es el lector.

   

El espejo del héroe

Publicado originalmente el 4 de diciembre de 2019 en Zenda.

Nueva entrega en que dos escritores exponen su punto de vista sobre un mismo tema. García Ortega y Pérez Zúñiga, como Stewart y Widmark en el filme de John Ford, cabalgan juntos cada primer miércoles en pos de un único destino: la literatura.

El espejo del héroe. Ernesto Pérez Zúñiga

Fotografía realizada por JEOSM

El espejo del héroe es el temblor de un agua tranquila, antes de que lo engulla la turbulencia. La etimología de esta palabra que enciende nuestra imaginación está relacionada con la palabra “hora”. Y, desde el inicio, nos indica una misma suerte: la fugacidad, el tránsito.

Quizá no podamos pensar la fugacidad sin la hermosura ni la fuerza. Así está inscrito en los ciclos de las estaciones.

La estación más heroica es la primavera, cargada de potencia, con un pie en el esplendor y otro en la creación de algo que se recogerá en verano, caducará en otoño, morirá en el invierno y renacerá en el rostro de los nuevos héroes que traerá la siguiente primavera.

Los héroes son flores efímeras que, sin embargo, persiguen una gloria inextinguible. Homero los proyectó en nuestra psique para siempre en forma de canto. Y a su condición heroica unió, desde el principio, una flagrante humanidad. Los héroes no son dioses. Los héroes no tienen superpoderes. Los héroes solo alcanzan esa condición en el momento de un prodigio que resplandece y nace de la misma debilidad que a todos nos hermana.

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La nueva columna de Ernesto Pérez Zúñiga y Adolfo García Ortega: «Dos cabalgan juntos» en Zenda

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Foto: Jeosm

Publicado originalmente el 3 de julio en Zenda.

Zenda inaugura una sección en la que dos escritores exponen su punto de vista sobre un mismo tema. Pérez Zúñiga y García Ortega, como Stewart y Widmark en el filme de John Ford, cabalgarán juntos cada primer miércoles de mes en pos de un único destino: la literatura.

Los clásicos, lugares sin tiempo. Ernesto Pérez Zúñiga

Cuando ya no exista el tiempo, existirán los clásicos. Algunos piensan que los clásicos son los libros del pasado que seguirán leyéndose en el futuro y, que por esta razón, hay pocos motivos para leerlos en el presente. Peor para ellos. No leerlos es perder el tiempo. Porque los clásicos son los libros que logran anularlo.

Los clásicos fundan un lugar intermedio entre la acción del mundo y el sueño del mundo, un desván inmenso y misterioso que esencia la experiencia humana. Dante lo vislumbró simbólicamente cuando situó a Homero y a Ovidio, entre otros, en el limbo, el círculo primero de su Infierno, el territorio más cercano a nuestro acá pero que ya había instaurado sus fronteras en el más allá; donde, como quería Valle, los muertos hablan de los vivos y se contempla la existencia desde la otra ribera.

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Aquel colegio cómplice, por Ernesto Pérez Zúñiga en El País Semanal

I love coffee. It's one of my favorite things in the world, and I love tasting different coffees.

Foto: Tomada por JEOSM para Zenda.

Publicado originalmente en El País Semanal.

Entre visitas al apartamento del profesor, el mismo que organizaba los campamentos de verano, fueron pasando los años. Nadie hizo nada. Solo él.

QUERIDO E IRRESPONSABLE colegio: hubiese querido escribirte para darte las gracias, más de 30 años después, pero necesito ser franco contigo. La verdad es como el agua subterránea, que trata de buscar un hueco para salir al exterior. Ese hueco lo ha abierto la novela que he publicado antes de dirigirte esta carta. Porque la escritura nos ayuda a ir señalando las máscaras con las que nos vamos protegiendo año a año. Ahora es el momento de dejar caer la tuya. Solo la caída de las apariencias —esas que te importaban tanto— nos permite aprender algo de valor.

Tenías la obligación de educarnos, y, sin duda, lo intentaste a tu modo, tratando de inculcarnos lo que tú considerabas valores ejemplares. Al mismo tiempo, contratabas a un pederasta en tu plantilla. Desde luego, era el más moderno de los profesores, la mayoría religiosos de tu congregación. Él no lo era. Habíamos cumplido 12 años. Y nos hablaba con altiva normalidad de algunos tabúes de entonces: la masturbación, por ejemplo, o el franquismo. Luego, después de clase, nos invitaba a tomar un refresco que, con el tiempo, se convirtió en una cerveza o un gin-tonic, ya en su casa, en formato de fiesta. Quizá te llegaban rumores al respecto. Seguir leyendo

«Ya que los jóvenes callan», por Ernesto Pérez Zúñiga en Zenda Libros

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Publicado originalmente en Zenda Libros.

Ya que los jóvenes callan, habrá que seguir dejando hablar a Valle-Inclán. En un mundo literario que tiende a estar dormido, a plantar semillas hueras con los libros, a convertirse a sí mismo en espectáculo de un día o de un año, reconforta una y otra vez leer las palabras del maestro. Declaraba en torno a 1930: “Voy a publicar el próximo mes de marzo una obra contra las dictaduras y el militarismo (…). Ya que los jóvenes callan, es cuestión de que lo hagan los viejos por ellos.”

Lo recoge la maravillosa publicación que la Biblioteca Castro dedica a las Obras completas (V, Teatro y poesía) de Valle Inclán, en la ejemplar edición de Margarita Santos Sanz. Qué gozo leer los trabajos introductorios a cada una de las obras que recoge este volumen, tan eruditos en los contextos históricos como eficaces al desenterrar las claves creativas. Pero, sobre todo, qué gozo recorrer, una tras otra, desde Divinas palabras a Martes de Carnaval, pasando por Luces de bohemia, las sendas que conducen a una de las cumbres de la literatura mundial del sigo XX y, desde luego, el Everest de la literatura española contemporánea.

Se trata, ni más ni menos, de la fascinante historia de la creación del esperpento, del análisis y sublimación de la sociedad española, trasladada a un lenguaje literario único y convertido en categoría estética universal. Seguir leyendo

Cómo fue el proceso de escritura de Escarcha, de Ernesto Pérez Zúñiga

Publicado originalmente en Zenda Libros.

Escarcha es, de todas mis novelas, la única que ha esperado décadas para ser escrita. Se ha macerado en vida y en silenciosa imaginación. Y ya, tensa como un arco, ha salido disparada hacia las páginas.

La tuve que contener. Era una manada de caballos que podía desparramarse en múltiples direcciones, en una llanura sin fin. Para domarla, fragüé un sistema matemático, que apliqué, en primera instancia, sin piedad sobre la libertad de la escritura. Toda ella giró en torno al número siete. Siete temporadas con siete capítulos cada una. Siete páginas cada capítulo, formado cada uno por un metraje de 2.401 palabras (múltiplo de siete), sin excepciones. Trabajé de este modo en los primeros borradores de Escarcha.

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José Balza, una frontera nueva; por Ernesto Pérez Zúñiga

Texto publicado originalmente en EL PERSEGUIDOR, el 22 de julio de 2018.

Como apartar una rama en la selva y encontrar, de repente, la ciudad futura. Así leemos la obra de José Balza, escritor imprescindible de la narrativa en español. No leerlo es perder. Y leerlo supone una experiencia plena: una fusión con algo misterioso, mejor. Algo que está ya aquí y también acabando de llegar, quizá durante décadas: una  literatura que llena el presente y, de manera circular, los precipicios del tiempo.

José Balza, nacido en 1939 en el Delta del Orinoco, es autor de una amplia y cuidada
obra narrativa y ensayística, que destaca por un número de cualidades raras en un mismo escritor: la impecable factura y sensualidad del lenguaje, la variada invención, la sutileza del pensamiento, la capacidad de amalgamar jugando estructuras y tramas, de proponer ritmos e inquietudes que vienen de la experiencia, de los sueños o de otra dimensión que está en algún lugar invisible de la realidad. Todos estos elementos los reúne, por ejemplo, una sola novela, Percusión, publicada en España por Seix Barral en
1982.

La obra narrativa de José Balza fue de una precocidad asombrosa. Antes de los 30
años había escrito dos novelas de enorme solidez, Marzo anterior y Largo. Tendría 35 cuando publicó Setecientas palmeras plantadas en el mismo lugar, una novela con
un enorme poder de renovación y que leída hoy mismo resulta venidera. Hay algo profético en ellas (como en Un hombre de aceite, que auguraba en 2001 la Venezuela que vendría): una estética lábil, que inaugura el tiempo de cada forma, pero también la
exploración de una ética abierta del ser, donde las normas se derrumban ante la
aventura escurridiza de la verdad.

Junto con estas novelas, son sus cuentos los que han tenido una repercusión internacional mayor, publicados en conjuntos tan reseñados como La mujer de espaldas (1986), Un Orinoco fantasma (2000), El doble arte de morir (2008) o Los peces de fuego (2010). En nuestro país, por ejemplo, la editorial Páginas de Espuma publicó una breve antología en el año 2004 y al cuidado de otro narrador venezolano, Juan Carlos Méndez Guédez, en cuyo prólogo supo situar a José Balza en “la estirpe de los escritores más renovadores e inclasificables de nuestro idioma (…) junto a nombres como Ricardo Piglia, Roberto Bolaño, César Aira o Enrique Vila Matas”.

Desde entonces son numerosas las voces que lo reclaman como uno de los maestros de la narrativa en español de final de siglo XX y principios del XXI. Sus aforismos, agudas fulguraciones, y ensayos, que abundan en la excelencia de lo escondido, se recogen en
volúmenes, por nombrar los más recientes, como Ensayos de humo (2013) o Play b
(2017). Es difícil hallar desde Cortázar (quien celebró, por cierto, la escritura de Balza),
un escritor que entregue a nuestro idioma tal diversidad de lenguaje, estructura e imaginación.

En una entrevista del año 99, afirmó: “Me gusta que los personajes vivan de tal forma que provoquen la sensación en los lectores de que sólo la literatura (…) puede proponer una frontera nueva de la experiencia cotidiana en el ser humano”.
Pocas experiencias literarias iguales a cruzarla.

«Pasar a otro estado. Una crónica colombiana» en Cuadernos Hispanoamericanos

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Publicado originalmente en Cuadernos Hispanoamericanos.

Cuando llegábamos al aeropuerto de Bogotá, volví a sentir cuánta falta nos hace América. Las montañas —cíclopes interminables— reverdecían también en mí y avisaban de que en aquella tierra emanaba una energía más poderosa que la del pequeño país europeo del que yo venía.

Iba a Pereira, al Eje Cafetero detrás de las montañas, al Festival Luna de Locos, que dirige Giovanny Gómez y que reúne a poetas de medio mundo para desperdigarlos por plazas, colegios y pueblos. A diferencia de mi país, en el que la poesía parece oficiarse en cubículos desangelados, en Colombia las lecturas se acogen como una fiesta. En plazas abarrotadas de jóvenes leo junto a mis compañeros de viaje (otros españoles, como Luis García Montero, Elena Medel y Jordi Valls; el argentino Juan Arabia; colombianos, como Juliana Gómez Nieto, Lindantonella Solano Mendoza, Mauricio Peñaranda, Arturo Estrada, José Luis Díaz-Granados; la galesa Zoë Skoulding; el canadiense Herménégilde Chiasson; el británico James Byrne, entre muchos otros) en la noche cálida, el público sentado en la hierba.

Vamos a colegios con patio de verbena, donde hacen de guirnalda nuestros poemas rotulados en cartulina y los cómicos retratos dibujados por los pequeños. Todos participan, cada alumno aporta una lectura, un poema propio, una reflexión, con mayor alegría en los barrios más difíciles: criaturas de la violencia o de la pobreza sonríen, bailan, escuchan, tienen el hambre de saber, de crecer con nosotros, pero también de compartir. Cuando voy a esos colegios, veo un mar en el que se derrama el sol; son las miradas, las inteligencias de los chicos y chicas colombianos, ejemplarmente preparados por sus profesores para ese momento, donde los hijos del café y de las montañas dan sentido a las cartas que traemos en las manos. Como si justo antes estuvieran en blanco. Ahora se marcan con vivas figuras. Y me hace recordar la abulia de mi país privilegiado y europeo, en el que los adolescentes parecen esconderse en cápsulas de hierro para no tener contacto con lo que les ofrecen los mayores, todos torpes en nuestra manera de transmitir y recoger legados. Seguir leyendo

El alijo, por Ernesto Pérez Zúñiga en El País Opinión

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Luis Bárcenas, la pasada semana, en la Audiencia Nacional. JAIME VILLANUEVA

Publicado originalmente en El País Opinión, el 10 de junio de 2018.

Los políticos son los protagonistas de esta película mala en la que los actores cambian, a su beneficio, la idea original del guion democrático

Da la impresión de que hemos dejado que los políticos abusen del espacio público que les corresponde, una omnipresencia que retrata una España de opereta, con personajes oscuros, muy poco edificantes. Llenan las pantallas, los diarios, y, lo que es peor, nuestras mentes. Bailamos al ritmo de sus ocurrencias y disparates, como si la vida pública no fuera más que la de ellos en lugar de, sin ir más lejos, la nuestra: médicos, obreros, profesores, comerciantes, dependientes… filósofos, que tan bien hay alguno. Pero los políticos son los protagonistas de esta película mala en la que los actores cambian, a su beneficio, la idea original del guion democrático.

Si la democracia existe para el bien común, muchos la entuban para su bien particular. Y aunque no todos se comportan así (hay miles de políticos que se dejan la piel en su trabajo) hoy en España resplandecen los más irresponsables, muchas veces no elegidos por el pueblo, sino por camarillas intrigantes que comercian con lingotes de poder. Ahí tenemos a Torra, recién llegado por las bambalinas, empeñado en representar un papel de energúmeno xenófobo, en lugar de usar el privilegio recién adquirido para tratar de conciliar la pluralidad de Cataluña. Quizá porque ha llegado por una puerta que los ciudadanos no son capaces de prever. Quizá porque el sistema de acceso está mal diseñado. ¿Un gobierno de los mejores? Al menos, no de los peores. Seguir leyendo

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